Vivimos tiempos donde muchos se enfrían, se alejan, pierden compromiso, dejan de servir, dejan de asistir y dejan de evangelizar.
Pero Romanos
11 nos muestra algo sorprendente: la fidelidad de Dios no depende de la
fidelidad del hombre.
Pablo
mira la realidad de Israel: incredulidad, tropiezo, rechazo.
Y aun así
declara: “En ninguna
manera Dios ha desechado a su pueblo.”
Este
capítulo es un mensaje para todos los que sienten que fallaron, que se
alejaron, que se enfriaron.
Y también
para la iglesia que necesita esperanza para seguir adelante.
Dios no
desecha a los suyos
(v.1)
Digo, pues:
¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy
israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín.
Aunque
Israel falló, Dios no lo abandonó.
Aunque
muchos cristianos fallan hoy, Dios tampoco los abandona.
Dios no se
rinde con nadie.
Dios no
cancela a las personas por sus errores.
Dios sigue
llamando, buscando, restaurando.
Dios no
desecha al que dejó de asistir.
Dios no
desecha al que dejó de servir.
Dios no
desecha al que dejó de evangelizar.
Si Dios no
los desecha, nosotros tampoco.
Como un
padre que espera al hijo que se fue, Dios espera a los que se alejaron.
Dios
siempre preserva un remanente (v.5)
Así también
aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia
No todos
permanecen, pero siempre hay un grupo fiel que sostiene la obra.
El remanente
no es perfecto, pero es dispuesto.
Dios siempre
trabaja con los que dicen “Aquí estoy”.
El remanente
es pequeño, pero poderoso.
Tu estudio
bíblico es ese remanente.
Dios quiere
levantar compromiso desde ese grupo.
No hace
falta una multitud para comenzar un avivamiento.
“Dios no
necesita multitudes para comenzar algo grande; necesita un remanente
dispuesto.”
Como Gedeón,
Dios usa pocos para hacer mucho.
La gracia sostiene, no el esfuerzo humano
(v.6)
Y si por
gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por
obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.
La gente no
se compromete por presión, sino por gracia.
La gracia
atrae más que la exigencia.
La gracia
transforma más que la culpa.
La gracia
motiva más que la obligación.
No vamos a
recuperar compromiso con regaños.
Vamos a
recuperar compromiso predicando gracia.
La gracia
levanta al caído y enciende al apagado.
Una
planta crece con agua, no con gritos.
El cristiano
crece con gracia, no con presión.
Dios convierte el tropiezo en oportunidad
(v.11–12)
Digo, pues:
¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su
transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos. Y si su transgresión es la riqueza del mundo,
y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración?
La caída de
unos abrió la puerta para otros.
Dios usa
incluso las crisis para avanzar.
Lo que
parece pérdida, Dios lo transforma en oportunidad.
La debilidad
de unos despierta el llamado en otros
La falta de
compromiso de algunos puede activar el compromiso de otros.
La ausencia
de algunos puede despertar nuevos líderes.
Dios puede
usar esta etapa para levantar una iglesia más fuerte.
Como un
árbol podado, la iglesia puede brotar con más fuerza.
La misericordia es el puente para todos
(v.30–32)
Pues como
vosotros también en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis
alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos, 31 así también estos
ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a
vosotros, ellos también alcancen misericordia. 32 Porque Dios sujetó a todos en
desobediencia, para tener misericordia de todos.
33 ¡Oh
profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán
insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!
Todos
fallamos, pero todos podemos volver.
La
misericordia restaura.
La
misericordia abre puertas.
La
misericordia nos iguala: todos dependemos de ella.
Mensaje para
los que dejaron de asistir: “Dios te espera con misericordia.”
Mensaje
para los que dejaron de servir: “Dios no te descarta.”
Mensaje
para los que dejaron de evangelizar: “Dios puede encender tu corazón otra vez.”
La
misericordia es como un puente que nunca se rompe.
Conclusión Romanos 11 nos recuerda:
Dios no
abandona.
Dios
preserva.
Dios
sostiene.
Dios
transforma.
Dios
restaura.
Aunque
nosotros fallamos, Dios sigue siendo fiel.
Pregunto:
“Si Dios
no te ha desechado”
¿estás dispuesto a volver a servir, volver a
asistir y volver a compartir tu fe?
volver a
comprometerse
volver a
servir
volver a
evangelizar
volver a ser
parte del remanente fiel.